Sostenibilidad; “Sí, pero mejor NO"
En la búsqueda de un mundo más sostenible, nos enfrentamos a un dilema fundamental. Aunque la sostenibilidad debería ser una consideración obligatoria en la producción de alimentos y bienes de consumo, la realidad actual nos muestra un escenario diferente. Esto se debe, en gran parte, a que las estructuras de definición de precios de los alimentos, moldeadas por las leyes de oferta y demanda, a menudo no incorporan la verdadera utilidad de la sostenibilidad.
¿Por qué sucede esto? La respuesta se encuentra en la relación entre los productores y los consumidores. Las decisiones de compra de los consumidores se ven influidas por factores como la comodidad, el empaque atractivo, la disponibilidad, el equity de las marcas, entre otros. La sostenibilidad, lamentablemente, a menudo queda en segundo plano. Sin embargo, una encuesta realizada por Nielsen en 2022 reveló que el 66% de los consumidores en el MUNDO afirman estar dispuestos a, incluso, a pagar más por productos sostenibles.
Entonces, ¿por qué, a pesar de la disposición de los consumidores a pagar más por sostenibilidad, los productores primarios no reciben un precio diferencial cuando adoptan prácticas sostenibles? La respuesta radica en el distanciamiento entre la intención del consumidor final y el productor primario. El consumo de productos sostenibles aún representa una fracción menor del mercado en comparación con los productos convencionales. Mientras esta brecha persista y los productos sostenibles no lleguen eficazmente al consumidor final, los incentivos para producir de manera sostenible pueden resultar limitados. Cualquier reforma agraria que se desarrolle en nuestros días, antes que nada, debe lograr una relación armónica entre el consumidor final y el productor primario, so pena de no cumplir con la función ecológica de los suelos.
Esta realidad plantea un desafío significativo para los productores y defensores de la sostenibilidad. Para que la sostenibilidad sea verdaderamente valorada y reflejada en las estructuras de precios de los alimentos, es esencial que los consumidores comprendan y aprecien su importancia. Cuando los consumidores no disponen de suficiente información para comprender y valorar cómo la sostenibilidad puede influir en la utilidad de sus decisiones de consumo, otros beneficios tienden a prevalecer sobre el factor de sostenibilidad en sus elecciones.
El llamado a la acción recae en todos nosotros: como consumidores, tenemos el poder de influir en las decisiones de las empresas y los productores. A través de nuestras elecciones y preferencias (dónde compramos, a quién le compramos y qué compramos), podemos impulsar la transición hacia un mundo donde la sostenibilidad sea una consideración obligatoria en lugar de una mera opción. La sostenibilidad no debe ser un valor agregado; debe ser un valor esencial que guíe nuestras decisiones y las de aquellos que producen los bienes que consumimos.
La próxima vez que vayas al supermercado a comprar tus alimentos, recuerda que tus abuelos y sus padres debían ir a las plazas en el pueblo para adquirir los alimentos disponibles y de cosecha local (esto sigue sucediendo, pero cada vez menos). Este hábito permitía que conocieras a quienes producían los alimentos y cómo los producían; a menudo, podían ser amigos o vecinos. Comencemos con decisiones sencillas pero de alto impacto, como volver a nuestras raíces, a las plazas y a los pueblos. Debemos reconciliarnos con el campo y su gente, reconectar con la fuente de nuestros alimentos y entender que nuestras decisiones de compra pueden marcar la diferencia en el fomento de la sostenibilidad y el apoyo a las economías locales.
Diego Gallegos
@gallegosdi
Fundador de VerdeSer
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